Foto y Texto:  Nayeli Díaz A.
@solo_nayelidiaz

Ésta es la décima sexta edición de un festival que lleva como consigna generar experiencias a través del arte sonoro, la tecnología, la música electrónica y experimental, Mutek. El primer Nocturne, que desde dos ediciones atrás se lleva a cabo en Fábrica, un lugar ubicado a la periferia de la Ciudad y en límite con el Estado de México, en Tlalnepantla de Baz, para ser más exacta… suena lejano y lo es, pero vale la pena llegar y encontrarte siempre una grata sorpresa, tanto en la organización, como en las instalaciones, su adaptación y en la calidad del sonido.
La noche trascurre dentro de las instalaciones de una fábrica adaptada que ahora cuenta con 3 escenarios o salas divididas por nombres A, B y C. En ese orden de importancia se presentan los actos, a su alrededor, ocurren experiencias efímeras entre los asistentes y las instalaciones interactivas ubicadas a los costados o de frente a las salas, otros optan por escuchar sus presentaciones predilectos en mano del productor en turno, ya sea en uno u otro escenario, los asistentes llenan sus expectativas a lo largo de la noche.
Personalmente quería escuchar a John Talabot, pues era la primera vez que lo haría, entonces esperé mientras llegaba su turno paseándome por cada sala y escuchando a los músicos, explorando entre las instalaciones. Una de ellas, que por ciertó capto la atención de las personas que como yo no encontraban su lugar dentro de la música aún, fue la elaborada por INTUS, estudio interactivo, que diseñó un proyecto que “utiliza visuales, sonido digital y un sistema de reflexión lumínica en un proceso de arte generativo.”
Basado en el arte renacentista y la teosofía de Rudolf Steiner, es decir, podías pararte frente a pantallas que poseían una cámara que captaba tu imagen y la traducían en efectos renacentistas y/o de energías corpóreas; esta instalación llevaba por Nombre Reflex.

Además de Réflex, había una instalación del prestigiado músico Brian Eno, de nombre Condenser, la cual también albergaba a varias personas que tomaban su lugar sentados frente a un sensor de luz y con audífonos puestos, eran inmersos en una instalación que jugaba con la música y las tonalidades de la luz a través de un algoritmo.
Luego de rondar por las diferentes instalaciones llegó el turno de ponerme a escuchar y disfrutar de los actos que ofrecía el line up, 404.Zero de Rusia se presentaba en el escenario principal exponiendo los sentidos de los asistentes con sonidos abstractos que estaban ligados con imágenes, que no formaban precisamente melodías armónicas, sino sonidos que particulares que te envolvían en un estado similar al lisérgico. Para no perder oportunidad visité el escenario B donde tocaba para ese momento Fennesz (AT) & Ali M. Demirel con una propuesta más technosa, donde la mayoría de los asistentes bailaban para ir calentando la noche que trascurrió con actos más memorables que otros.
Mis expectativas eran altas con Talabot, por ejemplo, y al momento que le tocó pararse frente al público e iniciar simplemente comenzó mezclando temas que no terminaban de explotar la energía de todos presenciábamos su set, que si bien no fue malo, tampoco sentía que su selección fuera digna de un festival como Mutek. Sin embargo, Overmono, el proyecto de los hermanos Tom Russell y Ed Russell que le sucedió al español, logró profundizar en lo que los asistentes buscaban, la sutileza de los sonidos melódicos y bien compuestos, visuales coloridos que acompañaban los sonidos de manera armónica, dejando entre ver su influencia inglesa, entre las percusiones y la electrónica más sofisticada, que por momentos me recordaba a sonidos creados por otro compatriota de esta dupla, Bonobo y a los sonidos del alemán Christian Löffler.

El escenario B, por su parte tenía un sonido envolvente. Siempre me ha parecido que este es el mejor ecualizado, tanto por su ubicación como su forma, lo cual no permite que el sonido se disipe y hace que los asistentes disfruten en su totalidad los actos, ahí pude observar varios que me parecieron únicos, por ejemplo, Caterina Barbieri, Aisha Devi y Deena Abdelwahed, en ese orden de aparción, la primera presentó un acto más performancero y estruendoso, con saturación de sonidos industriales y electronicos más densos, luego Aisha Devi, que sin querer me recordó por momentos a Claire Boucher (alias Grimes) en la parte como intérprete pero con sus matices y diferencias sonoras, ya que ésta última tiene un sonido singular, más eclectico… sí, aún más. Por su parte, Deena Abdelwahed, con su sonido árabe bien definido invitaba al público a desvanecerse ritmicamente al cómpas del tiempo en que tocaba, las tres mujeres que me tocó observar potentes y creativas en el escenario, no dejaron espacio para la indiferencia… que por cierto, que en un festival como Mutek no tiene cabida.

En la Sala C, la más pequeña de todas, tuve la oportunidad de observar a James Place y Freedom Engine, de manera más íntima pues en este escenario los actos presentados estaban pensados para un público específico. James Place, de origen estadounidense tuvo un momento experimental basado en los sonidos orgánicos en un escenario lleno de color, muy al estilo de un bar de ficheras, luces en azul y rojo con un fondo creado con tiras de papel metálico que oscilaban de un lado a otro al vibrar de la música. Freedom Engine, por su parte me recibió con un tema que me hizo sentirme en una misión de Street Fighter que poco a poco se diluyó en una atmosfera mas dark, con voces masculinas
del tipo “Three sides of Nazareth” de Nicolas Jaar y del Post Punk más alemán.
Ya por último y antes de partir me aventé una parte del set de Batú, que simplemente cerraba con ritmos en los que sobresalían los bajos y las persusiones, sin encasillarse en el dubstep por completo o en el soundsystem, tenía cautiva la atención de los que esperaron toda la noche por su acto y al mismo tiempo los visuales jugaban un rol importante pues se modificaban de acuerdo al sonido, cabe señalar que ese escenario fue el que menos jugó con la parte visual hasta que tocó el turno de este inglés, quién dio un show integral justo para el cierre de la noche.
A diferencia de otros festivales que han intentado conjugar las artes digitales y la música, Mutek ha logrado evolucionar y entender las necesidades de su público, no solo en cuanto a los espacios donde se ha llevado a cabo cada una de sus ediciones, sino también en cuanto a las propuestas digitales, ya sean instalaciones interactivas, artísticas, visuales o sonoras (o todo al mismo tiempo); así como las propuestas de productores nacionales e internacionales que traen de por sí un sello de autenticidad que garantiza que lo que vas a presenciar no pasa todos los días en un mismo espacio. Es decir, si el festival se ha logrado mantener a lo largo de diez años es justo porque se ha adaptado a los públicos y ha mantenido una evolución constante, incluso yendo un paso delante, trayendo consigo innovación y creatividad en cada edición.
Los eventos Nocturne de Mutek son la parte más intensa, en donde los asistentes tienen la oportunidad de experimentar lo sensorial, lo sonoro y lo visual creando una sinergia dentro de un mismo espacio, por ello, para muchos asistir a Mutek se ha convertido en un ritual que culmina en euforia y sensaciones múltiples.

News Reporte