De él aprendimos lo necesario para salir a ese reto que llamamos vida. Él sabía que sus conocimientos no tenían valor alguno si no los transmitía a aquella persona que vio crecer hasta llegar a verla de frente o incluso con la mirada hacia arriba. Por esto y más, este próximo Día del Padre, es el momento perfecto para retribuir un poco de todo aquello que recibimos de papá, ese poco que cabe en una copa de un whisky muy especial, uno que se hace en Islay, Escocia, en la Bruichladdich Distillery.

Cualquier papá valora la experiencia que se adquiere con el tiempo, esas ideas que sólo van madurando con el paso de los años y fortalecen el carácter y nuestra visión del mundo. Bruichladdich es una destilería fundada en 1818 por los hermanos Harvey –integrantes de una dinastía del whisky en Glasgow–. Ambos buscaban producir la bebida más pura, ligera y floral posible desde una colina junto al mar en la pequeña isla de Islay, a partir de ingredientes 100 por ciento escoceses seleccionados a mano con la guía del maestro destilador Jim McEwan y el buen ojo de los artesanos locales.

Décadas más tarde, Bruichladdich Distillery reabrió sus puertas en 2001 gracias a dos comerciantes de vino que buscaban crear malta en Islay de una forma totalmente auténtica, convirtiéndose así en la primera destilería en la historia en embotellar whisky secado con turba a través de la humeante tradición de esta región. Así, más de 200 años de conocimiento y experiencia se acumulan en esta destilería para producir dos de las bebidas más auténticas y peculiares del mundo, bebidas con las se puede crear el brindis perfecto este próximo 20 de junio.

La primera lleva por nombre Port Charlotte 10, y es un whisky escocés single-malt de Islay, de 10 años, el primero con declaración de edad de Bruichladdich. Embotellado a 50% ABV y destilado utilizando cebada 100 por ciento escocesa, este whisky balancea la intensa sensación ahumada del grano malteado y secado intensamente por su alto nivel de turba de 40 ppm. da como resultado una gran suavidad que lo hace ligero a la hora de tomarlo. Se añeja en barriles de vino francés y de bourbon, de primer y segundo uso, para alcanzar ese sabor tan propio y único.

La segunda está contenida en una bella botella color azul, una peculiar presentación que atrae a la mirada y seduce al paladar con un sabor suave, limpio, fresco y enérgico, con el roble y el grano en perfecta armonía. Se trata de The Classic Laddie, whisky escocés single-malt de Islay, hecho a mano, de barricas seleccionadas individualmente para mostrar el clásico, floral y elegante estilo de Bruichladdich.

Su aroma abre con dejos de azúcar de cebada y un toque de menta antes de las más exquisitas notas de flores silvestres recién cortadas, como el botón de oro, margarita, ulmaria, mirto, primavera y cerezo. Su sabor combina lo mejor del roble y la cebada, junto a los frutos de la destilación que derivan en una brisa del Atlántico y explotan en la lengua como burbujas. De esta forma, el whiskyproducido por Bruichladdich es único, floral y complejo, tres adjetivos que difícilmente se verán inscritos juntos en otra botella de esta categoría.

Bruichladdich Distillery ofrece dos excelentes opciones para aquel papá que gusta del whisky pero está habituado a las mismas opciones, o ese que simplemente disfruta de nuevas experiencias que pueden vivirse chocando ligeramente dos copas con la persona y la bebida indicadas, en este caso su hija o hijo, y Port Charlotte 10 o The Classic Laddie respectivamente.

Para facilitar el encuentro entre la Bruichladdich Distillery y papá, con la compra de una botella de Rémy Martin XO –en tiendas seleccionadas– se incluirá una de The Classic Laddie Scottish Barley, una oferta ideal también para celebrar esta especial efeméride.

Para más información, visita bruichladdich.com.

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