José González.

La industria musical en Canadá
Impartido por: Neil Dixon – Canadian Music Week, Derek Andrews – Mundial Montreal, Bruce Bradley, Slammin Media, Jodie Ferneyhough, CCS Rights Management y Jeff Beaulieu, propietario de Hopeful Tragedy Records

Dentro de las actividades de la FIMPro 2018 para el viernes 25 de mayo, la conferencia principal tuvo el objetivo de plantear el panorama de la industria musical en Canadá, la cuál se perfila como un ejemplo a seguir en muchos aspectos para las industrias de muchos otros
países, incluido el nuestro.

La industria musical canadiense, en su conjunto, ha trabajado por décadas para crear un ambiente propicio al desarrollo de sus artistas tanto internamente como en el mundo; desde cabildear para crear políticas públicas como regulación para asegurar que un porcentaje definido de la música programada en radio sea canadiense, una respuesta al colonialismo cultural de EE UU, mucho más invasivo por la coincidencia de lenguaje; hasta la búsqueda constante de apoyos y recursos gubernamentales para promover la música, desde la perspectiva de que la música y todas las actividades relacionadas con ella como conciertos y festivales, generan valor y bienestar para las comunidades que impacta.

El panel presentó varios puntos temáticos en los que coinciden, a pesar de trabajar desde distintas trincheras de la industria musical: Uno de ellos fue que Canadá no es EE UU, aunque comparten lengua, las coincidencias son meramente cosméticas ya que son muy distintos en lo social, económico y político pero, más importante, en lo cultural. Debido a esto, Canadá está abierto y es receptivo a nuevas expresiones musicales de todo el mundo, en lo
particular de Latinoamérica por su cercanía continental y por el importante porcentaje de población latina en el país.
Canadá realiza una labor activa de descubrimiento de nuevas expresiones culturales de todo el mundo.
Por otro lado, cada uno de los integrantes del panel recalcó la necesidad de que los artistas interesados en entrar en el mercado canadiense (o cualquier otro, para el caso) deben de realizar un trabajo metódico y constante de investigación del mercado, del ecosistema, de la cultura y de los eventos y actividades pertinentes al género de cada artista; a partir del cuál sigue el trabajo de creación de relaciones y construcción de redes (networking) con los
actores de la escena o mercado a la que se pretende entrar, cosa nada fácil y que puede requerir años de trabajo ordenado y dirigido; mencionaron que los festivales son una buena herramienta para lograr estos objetivos sin hacer gastos demasiado fuertes. Para lograr todo esto, el panel dejó ver que una banda o artista debe ser manejado, en la medida de lo posible, con una lógica de negocio, orientado a resultados tangibles para lograr un crecimiento medible como productos culturales. En esta misma lógica, subrayaron que los artistas deben considerar sus inversiones económicas de forma inteligente y tomar decisiones alineadas a todo lo mencionado anteriormente.

Los festivales son una buena puerta de entrada a nuevos mercados
Todo esto, trabajando incansablemente en alcanzar la excelencia como ejecutantes, como narradores de historias, como creadores de mundos y visiones, como artistas con una voz y propuesta únicas.

La calidad es la mejor arma de un artista ante un mercado nuevo.
Saliendo de lo particular del trabajo de los artistas como entes autónomos y poniendo la mirada en la industria nacional como conjunto. El panel canadiense mencionó los contrastes y desigualdades entre la industria mexicana y la canadiense. Resaltaron la necesidad de
cambiar la perspectiva de artistas, empresas culturales y gobiernos para ver a la música como un bien exportable y una fuente de ganancias y bienestar, y generar así una política nacional de exportación cultural y artística. A este efecto, pusieron el ejemplo de CIMA (Canadian Independent Music Association) como parte de la infraestructura y el andamiaje, cultural, legal y de gobierno que han construido como sociedad. CIMA ha hecho un trabajo
durante décadas cabildeando con el gobierno canadiense (entre otras muchas actividades) para ver la música como un generador de valor a la economía nacional y local, y la puesta en marcha de la política de exportación cultural ya mencionada; un indicador de los resultados que ha conseguido el trabajo de CIMA y otros participantes de la industria musical canadiense es que los ingresos internacionales de la música canadiense han pasado de 25% a 75% en un par de décadas; esto, si lo ponemos en el contexto de que su mayor competidor es el mercado estadounidense (el más grande mercado y por tanto el mayor generador y exportador cultural del mundo) y que en Canadá sólo se pueden organizar festivales y actividades al aire libre durante primavera y verano, por ejemplo, no es un logro nada despreciable, no que lo fuera de principio.
México necesita generar una política nacional de exportación cultural.
Durante la ronda de preguntas y respuestas, predominó un ánimo que, desgraciadamente, contraviene TODO lo que dijeron los expertos canadienses pero que, sin embargo, se muestra sintomático de la manera en la que se visualizan y se conducen los artistas mexicanos ( y muchos otros) y que se revela como una muestra de nuestra sociedad como conjunto: La mayoría de los asistentes, jóvenes artistas todos, preguntaron por oportunidades a título personal y tips para entrar en el mercado canadiense (“¿cómo le hago para trabajar con alguno de ustedes?” “¿Con quién tengo que hablar para que pueda ir a tocar a Canadá?” “Soy músico pero quiero conseguir trabajo de ingeniero en Canadá ¿como le hago?”), olvidando lo que dijeron los canadienses, que se puede resumir en una oración:

Haz el trabajo, hazlo bien, hazlo ahora, hazlo mejor que nadie, no hay atajos.

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